Los jardines y bosques implantados

Los bosques implantados son usados por algunas aves como dormidero y sitios de cría. Palomas como la picazuro y la torcacita dejan oír sus cantos melancólicos, en la espesura, mientras que las ramas altas sirven como apostadero para rapaces como el chimango y el taguató común.

El Talar

Existen zonas abiertas cubiertas por pastos que, al ser más bajas, pueden inundarse temporalmente. Hacia el fin del invierno estas zonas son aprovechadas por muchos anfibios para comenzar su periodo de reproducción. Entonces podemos asistir a un verdadero concierto de cantos en los que intervienen intérpretres como la rana común, el escuercito y distintas ranitas de zarzal que suelen encontrarse entre hojas espinosas de las denominadas serruchetas.

Muchas aves aprovechan este ambiente como refugio y como sitio de alimentación. No será extraño ver el fulgor rojizo del copete de un cardenal o escuchar los melancólicos cantos de palomas como la yerutí y la torcaza a los que se suma el pirincho, o tal vez sorprender al inquieto chinchero chico empleando su curvo pico en la búsqueda de pequeños insectos para alimentarse, mientras escuchamos al leñatero al que reconoceremos por su estridente canto “tí…tí…rí…tí”. No faltan las rapaces, como el taguato común y el milano blanco, que se cernirá sobre los pastizales de las áreas abiertas para capturar algún roedor o lagartija.

Entre los mamíferos hay uno que merece un párrafo aparte. Se trata del tuco-tuco de los talares, un roedor que vive en cuevas que pueden alcanzar grandes extensiones. Son difíciles de observar, justamente por sus hábitos subterráneos y porque salen a la superficie durante las noches

La costa del río y los ambientes inundables


Durante las bajantes queda expuesta una extensa playa de arena y arcillas, un sitio más que interesante para muchas aves porque allí quedan atrapados además de pequeños peces, gusanos y otros invertebrados. Elegantes garzas vadean listas a estirar su largo cuello y utilizar su pico como arpón para atrapar sus presas. Pequeños chorlos corretean hundiendo sus picos en el barro, mientras que grupos de ruidosas gaviotas revolotean antes de lanzarse sobre su alimento.

No es extraño escuchar un sonido similar al entrechocar de palitos de madera, producido por el Junquera, un ave pequeña pariente del hornero. Y no faltaran culebras acuáticas, excelentes nadadoras, que se alimentan de ranas. Estos ambientes son ideales para los coipos o falsas nutrias que delatan su presencia por los senderos que dejan entre las plantas flotantes. También la comadreja colorada se mueve a sus anchas por estos pajonales.

Los arroyos Morales y El Destino surcan estos campos desaguando en el Río de la Plata luego de describir, como los típicos ríos de llanura, gran cantidad de curvas. Desde el casco de El Destino parte un sendero que lleva hasta la confluencia de estos dos arroyos, donde quizás veamos algunas tortugas de río asoleándose sobre un tronco semisumergido.