Esta zona de la provincia de Buenos Aires estuvo habitada por grupos de cazadores-recolectores que recorrían las planicies herbáceas cazando venado, que eran muy abundantes, ñandúes y otras especies menores. Tras la llegada de los españoles comienzan a producirse cambios (principalmente con la introducción de ganado primero y luego la agricultura), en la región que luego se transformaría en el área donde se concentra un gran porcentaje de la población del país.

El llamado pago de Magdalena conocido como tal ya en 1580, se extendía desde el sur de Quilmes hasta el río Salado formando parte de la línea de fronteras entre los territorios de los conquistadores y el “desierto” en el que pocos viajeros se aventuraban. La ciudad de Magdalena data del año 1776, y por su expuesta ubicación sufrió varios malones indígenas cuyo objeto era robar ganado vacuno que, posteriormente era llevado a Chile.

Viajeros como el Padre Falkner, un jesuita que recorrió la región a mediados del 1700, realizan interesantes comentarios acerca de la fauna de la región. Destacan la presencia del yaguareté, una especie que hoy sólo se encuentra en nuestro país en el norte misionero y en rincones de la selva del noroeste.

Varias estancias pioneras tuvieron su asiento en estos campos, pero es a partir e la llegada del ferrocarril hacia 1850, que nuevos establecimientos comienzan a prosperar en el marco de un país agroganadero y exportador.

En el caso específico de El Destino las tierras pertenecieron a la familia de Marcos Miguens, cuya esposa, Juana Reinoso y Barragán, era también heredera de grandes extensiones de campo. A este periodo se adjudican las casas de estilo colonial que hoy se pueden ver en la Reserva.

En 1928 el campo de 1.854 hectáreas es adquirido por el ingeniero agrónomo Ricardo Pearson, quién realiza el resto de las construcciones y diseña los jardines que las enmarcan. Incansable, Pearson entregó buena parte de su tiempo a trabajar para sus vecinos. Presidió la Sociedad Rural local y fue Intendente en Magdalena.

Apasionado de la naturaleza, a mediados del siglo XX decidió convertir 500 hectáreas de su establecimiento en un refugio para la flora y la fauna regional, cerrándolas a las actividades agrícolas. Ello permitió que durante más de 50 años, la naturaleza de la Reserva El Destino permaneciera bien conservada. A la muerte de su esposa, Elsa Shaw de Pearson, organiza una Fundación que lleva su nombre y cuyo objeto es promover el amor por la naturaleza.